domingo, 17 de marzo de 2013

Desensillar

Hugo De Marinis

Perdonar es divino. No, no: es humano. En realidad es una posición que informa la disposición de un ramillete de emociones fuertes con respecto a un(os) acontecimiento(s) determinado(s). ¿Estamos dotados para perdonar? ¿Tienen que purgar los que han infligido males? ¿Sería un atenuante que se arrepintieran con sinceridad ante sus ofendidos? ¿Olvidar…?

Pero “qué hacemos con la memoria”, fue la pregunta de la panelista de 6, 7, 8, Cynthia García el jueves 14 a un incómodo vicegobernador de la provincia de Buenos Aires, Gabriel Mariotto, quien con semblante angelical respondía que Jorge Mario Bergoglio era un Papa peronista. De la misma manera lo llamó el demonizado secretario de comercio Guillermo Moreno. También otros funcionarios festejaron así el nombramiento. La Nación en su edición virtual del sábado 16, pescó un cisma oficialista con respecto al flamante sumo pontífice (perdónalos (…) no saben lo que dicen ).

Y qué hacemos también con las faltas propias de nuestra endeble condición existencial, proclive siempre a pecadillos. ¿Adónde colocamos las faltas de pequeñas a medianas frente a crímenes aberrantes? Dos opciones parecieran destacarse: la intransigencia o el pragmatismo. La primera conduce casi indefectible hacia al ensanchamiento de la brecha; a las pocas posibilidades que se le deja al entendimiento mutuo, al dar para recibir. El pragmatismo empleado con sabiduría funciona al revés; en lo principal evitaría una pelea severa, sin chances de sacar provecho y que por el momento no se necesita. ¿Qué hacer? ¿Cómo posicionarse? ¿Es contingente que nos posicionemos de una vez?

En los primeros años del gobierno de la revolución sandinista el Comandante 0 – Edén Pastora – marchó a Costa Rica despechado por lo que juzgaba una humillación para su trayectoria combatiente el puesto secundario que le asignaron las por entonces nuevas autoridades nicaragüenses. En su conferencia de prensa vespertina en San José, no se manifestó demasiado fustigador de sus ex compañeros y hasta se adivinaba un antiimperialismo contagiado seguro que por el contacto con sus radicalizados compañeros guerrilleros en el monte. El amigo César “Cachito” Núñez (1) comentaba en la capital costarricense a quien lo quisiera escuchar que “si se actuaba con astucia, todavía se lo podía recuperar”. Ya en los noticieros de la noche el finado Tomás Borge (1930 – 2012) con una vocecita nasal inconfundible y final volaba puentes: “¿Por cuánto vendiste tu carnet, Edén?”. Al Comandante 0 después le pusieron una bomba cuando se hallaba en las selvas del sur de su país donde se proponía reorganizar en la clandestinidad a las ex fuerzas bajo su mando para operar contra el gobierno del FSLN. Se aplicaba en diferenciarse de los Contras promovidos por Oliver North y Ronald Reagan que depredaban desde Honduras. Curiosamente, Pastora no echó la culpa del atentado a los sandinistas, sino a la CIA.

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No me parece que el consejo de Cachito se pueda aplicar al Papa nuevo. Así y todo, los que transpiran por declarar, opinar y así pretender mantenerse en la cima de la ola, harían bien en seguir el consejo tomado del dicho campestre de uno de los pragmáticos más aviesos de la historia argentina: “desensillar hasta que aclare” (2).

La política se asemeja a los pronósticos de las carreras de caballos, actividad que tuvo su edad de oro pero que en el mundo moderno tiende a desvanecerse, como el boxeo y la lectura de libros. En los buenos tiempos los pronósticos se realizaban con datos estadísticos. Un “burro” es lo que hizo en las pistas – historial carrerístico, aprontes, sangre (genealogía), información que se proveía en gráficos y números ad hoc disponibles a distintos precios y formatos. Acertar tapados solo es cuestionable mérito de advenedizos.

El paralelo entre el deporte de los reyes y la competencia entre papables viene por esa tradición británica enojosa, propensa a apostar en cualquier circunstancia: este 5/2, este otro 3 a 1, el siguiente 9/2 y así. Bergoglio debe haber pagado una fortuna, porque salvo los iniciados, no lo veía nadie. Lo que se sabía del que devendría Papa argentino suscita controversias, no así los posicionamientos que, como dijimos, se dividen entre pragmáticos e intransigentes.


La iglesia es una institución decadente cuya jerarquía ha sido históricamente corrupta, parasitaria, licenciosa, reaccionaria y promotora de supersticiones. Hace más de un siglo, nuestros liberales de la generación del ‘80 anunciaban alborozados el retroceso irreversible del catolicismo y las demás religiones del mundo. Entre los que pregonaban las buenas nuevas estaba el comprovinciano Agustín Álvarez (1857-1914), militar participante del despojo impío a los pueblos originarios pero mejor conocido por ser uno de los promotores más entusiastas del positivismo evolucionista. En su libro La transformación de las razas en América (1908) abundan pasajes como este:

…la Iglesia (…) omnipotente, luchando contra la incredulidad naciente, consigue mantener la integridad de su explicación-credo, destruyendo ó aplastando á los que, desde el Renacimiento, empiezan á excederla en capacidad mental, pero éstos siguen brotando en todas partes y en tal progresión que la guerra, la excomunión, el tormento y la hoguera, funcionando en el máximo, no bastan, al fin, para extirparlos, y á su turno, ella también empieza á batirse en retirada, ante la marea creciente de los curiosos insatisfechos con la última explicación de lo natural por lo sobrenatural (3).


No se retiró nada ni la iglesia católica ni las demás religiones del mundo, y del tronco del liberalismo ni mencionemos en qué se convirtió una de sus ramas contemporáneas ya que perturbaría al espíritu del ateo don Agustín. Hacer futurología, aún para pensadores exquisitos y a diferencia de los pronósticos en días de carreras, es práctica riesgosa. Uno expone el voluntarismo de una idea por más cierta y justa que sea para quedar pagando. La religión en el mundo ha crecido, y cómo. Véase si no la expectativa del mundo frente a la elección papal.

El Papa es el Papa y ahora es un Bergoglio cuyas acciones de aquí en adelante no tienen más remedio que trascender las fronteras argentinas, pese al telúrico dato de su nacimiento, los reclamos de la memoria y de la justicia. No se lo va a poder presionar con artículos ni movilizaciones ni declaraciones de cabotaje. Su presente se desarrollará en las grandes ligas y, obvio, ha de lidiar con los verdaderos poderes terreno-universales. Sin embargo, siguiendo la tradición anglosajona y para no quemarse con vaticinios sobre la historia por venir – como le pasó a don Agustín – una casa de apuestas londinense podría ofrecer las siguientes probabilidades: 3 a 2 que se las agarra con los gobiernos progresistas de América Latina; 4 a 1 que nos dice, “chicos, déjense de joder, que el mundo se viene abajo y ustedes están allá lejos y hace tiempo, reclamando, Dios los bendiga”. 10.000 a 1 que decide abrir los archivos bajo su custodia y aclara sus responsabilidades durante la dictadura – pequeñas, medianas o enormes – cancelando el silencio cómplice, el propio y el de su institución, y excomulga al condenado Von Wernich… y colorín colorado. Quién sabe, el Papa es el Papa y por ahí decide reinventarse… ¿con tanto poder quién se atrevería a pedirle cuentas?
Mientras tanto, desensillar, sentarse bajo un árbol y ver qué pasa mañana… preparados para persistir o negociar porque la mano, según las estadísticas, se perfila oscura y nada propicia para un tapado.

(1) Cachito es referente de La Güemes, en Concordia, Entre Ríos y hoy, partícipe entusiasta del proyecto nacional y popular.
(2) Juan Domingo Perón (1895 – 1974) echó mano a esta expresión en ocasión del golpe de estado de 1966 encabezado por Juan Carlos Onganía (1914 – 1995) contra el presidente Arturo Illia (1900 – 1983).
(3) Páginas 11 y 12. Se ha respetado la ortografía original.

La Quinta Pata